Nuestras lenguas cuentan nuestra (bio)diversidad

Jóvenes productores de Latinoamérica intercambian experiencias en SISAY

Por el Día de las Lenguas Originarias, celebrado cada 27 de mayo, tres jóvenes agricultores de la red Slow Food en Perú, quienes han sido participantes de los Encuentros SISAY (“florecer” en quechua), nos hacen recordar en quechua, yanesha y castellano que las palabras son nuestro puente ancestral entre la mente y el entorno que nos alimenta alma y cuerpo.

Jesús Javier Espinoza lidera Kushi wallpa, un dinámico emprendimiento de gallinas y huevos ecológicos en el distrito de Ranrahirca en Áncash. Su lengua materna es el quechua y constituye un elemento vital de su identidad, como lo ilustra el nombre mismo de su negocio. Nos transmite esta sencilla frase que refleja el ayni de las comunidades andinas: «Murrunki chaqrata llapan miqunampacq«, que significa: «Siembras el campo para comer todos”.

Jesús es el portavoz de la Comunidad Slow Food Tamya Áncash, que busca garantizar un futuro sostenible en la región, con actividades productivas, culturales y recreativas, que respeten y conserven la biodiversidad de su ecosistema, revalorando la sabiduría ancestral y así logrando mejorar la calidad de vida, como en la alimentación saludable, igualdad de oportunidades y práctica de valores en su comunidad.

Jesús Javier Espinoza lidera Kushwa que ofrece huevos ecológicos en Áncash

 

En la vertiente oriental de la cordillera, entrando a la Amazonía central por el distrito de Palcazu en Pasco, vive Angela Arista López, una joven profesional y madre de familia yanesha que promueve las prácticas agroecológicas en la crianza de peces y la agroforestería. Es miembro de la Asociación de productores agropecuarios y forestales Arista, que contribuye a la conservación de la Reserva Comunal Yanesha.

La familia Arista López cría orgullosamente peces con buenas prácticas en Pasco

Angela nos cuenta: «Una de las actividades que realizamos con mi familia es la crianza de paco, un pez que se cría en la selva. La comida la preparamos cada fin de semana en un recreo que tenemos para confraternizar entre nosotros y planificar las actividades de la semana o mes. Realizamos diferentes actividades y preparamos diferentes platillos entre ello, paco a la parrilla acompañado de su tacacho de plátano o yuca. También participamos en concursos de platos típico, dando a probar el paco al bambú y chipanado de carachama, con ensalada de cogollo de pijuayo y de refresco el mashato, bebida bandera de la nuestra comunidad».
En yanesha, Angela nos explica: “Yapa’ añ ye’thorvena narete’ Kak komoere’ nanak ye’ yomeña rre’ arr yanetsrro. Yechorrena Chemoe’ komoere’ nanak berr, entendido como: “Nos dedicamos a la crianza de peces y nos gusta comerlos asados a la brasa. ¡Qué exquisto es comer paco asado a la brasa!”

El paco y la carachama a la parrilla se acompañan de plátano y yuca

Volviendo a ganar altura, en los alrededores de Villa Rica en Pasco, se encuentra el cafetal agroecológico detrás de la marca Pacae Café de Marlene Dapozzo Moali y su familia, pacientemente cultivado desde hace cinco generaciones por descendientes andinos y amazónicos.

Granos de café caturra recién cosechados por Pacae Café en Pasco

Marlene creció entre la chacra y Lima, y ahora está realizando una maestría en Antropología en España, desde donde nos invita a soñar un rato:
“Imaginemos un campo, cualquiera que venga a tu mente y pensemos en un ingrediente, supongamos ají, papa o café. Piensa en su vida desde el crecimiento, la floración, la maduración y la recolección. En esa primera fase, también incluimos personas, ¿cierto? Necesitamos de manos que puedan cuidar de estos alimentos desde la semilla, de corazones que los conozcan como si fueran sus padres y que hablen de ellos con cariño, que sea por sus nombres ancestrales, coloquiales o científicos.
A algunos les gustará el picante – «sin ají no se puede vivir» -, a otros les gustará solo un poquito, para no distraer del ingrediente principal. Ahora tomemos la papa, en tu mente una variedad de platos circulan: una papa rellena, una causita o un puré de papas. Por último el café, ajá, a algunos lo prefieren con leche, en métodos, los de toda la vida, recién molido y sin azúcar ¡por favor!. Estos tres ingredientes existen en una infinidad de variaciones – el ají, el rico limo, mochero o guindilla; la papa, tu papita huayro, amarilla o nativa; y el cafécito, típica, común, caturra o bourbon–.
Las diversas formas de decirlos cada uno y clasificarlos, nos transmiten estas experiencias sensoriales y emotivas que en nuestras prácticas reproducimos y se enriquecen cada vez que preparamos algo nuevo, combinando los ingredientes con nuestra experiencia pasada, nuestro saber y nuestra voz que les da realidad.”
¡Hoy y cada día, honremos a las personas en el Perú y el mundo que mantienen vivas las Lenguas Originarias y nos permiten inventar nuevas historias alrededor de nuestros alimentos!